Y los príncipes de los sacerdotes le acusaban mucho.
Y enderezándose Jesús, y no viendo á nadie más que á la mujer, díjole: ¿Mujer, dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te ha condenado?
Y queriendo saber la causa por qué le acusaban, le llevé al concilio de ellos:
Y hallé que le acusaban de cuestiones de la ley de ellos, y que ningún crimen tenía digno de muerte ó de prisión.