Por cuanto se alaba el malo del deseo de su alma, Y bendice al codicioso ó quien Jehová aborrece.
ALABA, oh alma mía, á Jehová.
Alaba á Jehová, Jerusalem; Alaba á tu Dios, Sión.
El que compra dice: Malo es, malo es: Mas en apartándose, se alaba.
El crisol prueba la plata, y la hornaza el oro: Y al hombre la boca del que lo alaba.
Porque no el que se alaba á sí mismo, el tal es aprobado; mas aquel á quien Dios alaba.