Jehová de los ejércitos, Dichoso el hombre que en ti confía.
Guarda mi alma, porque soy pío: Salva tú, oh Dios mío, á tu siervo que en ti confía.
He aquí que en sus siervos no confía, Y notó necedad en sus ángeles
He aquí que en sus santos no confía, Y ni los cielos son limpios delante de sus ojos:
Por cuanto el rey confía en Jehová, Y en la misericordia del Altísimo, no será conmovido.
Como ellos son los que los hacen; Cualquiera que en ellos confía.
Oh Israel, confía en Jehová: El es su ayuda y su escudo.
El que confía en sus riquezas, caerá: Mas los justos reverdecerán como ramos.
El sabio teme, y se aparta del mal: Mas el necio se arrebata, y confía.
El entendido en la palabra, hallará el bien: Y el que confía en Jehová, él es bienaventurado.
El altivo de ánimo suscita contiendas: Mas el que en Jehová confía, medrará.
El que confía en su corazón es necio; Mas el que camina en sabiduría, será salvo.
El temor del hombre pondrá lazo: Mas el que confía en Jehová será levantado.
Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová.
¿Por qué te glorías de los valles? Tu valle se deshizo, oh hija contumaz, la que confía en sus tesoros, la que dice: ¿Quién vendrá contra mí?
Y he aquí le trajeron un paralítico, echado en una cama: y viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Confía, hijo; tus pecados te son perdonados.
Mas Jesús volviéndose, y mirándola, dijo: Confía, hija, tu fe te ha salvado. Y la mujer fué salva desde aquella hora.
Y la noche siguiente, presentándosele el Señor, le dijo: Confía, Pablo; que como has testificado de mí en Jerusalem, así es menester testifiques también en Roma.