La madre de Sísara se asoma á la ventana, Y por entre las celosías á voces dice: ¿Por qué se detiene su carro, que no viene? ¿Por qué las ruedas de sus carros se tardan?
Mucho se detiene mi alma Con los que aborrecen la paz.
Después de ella bramará el sonido, Tronará él con la voz de su magnificencia; Y aunque sea oída su voz, no los detiene.
El que detiene el castigo, á su hijo aborrece: Mas el que lo ama, madruga á castigarlo.
Detiene sus dichos el que tiene sabiduría: De prudente espíritu es el hombre entendido.
La cordura del hombre detiene su furor; Y su honra es disimular la ofensa.