Al son de tamboril y cítara saltan, Y se huelgan al son del órgano.
Que se alegran haciendo mal, Que se huelgan en las perversidades del vicio;
Cesó el regocijo de los panderos, acabóse el estruendo de los que se huelgan, paró la alegría del arpa.
Y los que lloran, como los que no lloran; y los que se huelgan, como los que no se huelgan; y los que compran, como los que no poseen;