Oye pues ahora esto, miserable, ebria, y no de vino:
¡Miserable hombre de mí! ¿quién me librará del cuerpo de esta muerte?
Porque tú dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa; y no conoces que tú eres un cuitado y miserable y pobre y ciego y desnudo;